La Trilla |
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Una vez que el cereal era
traído desde las tierras, éste quedaba almacenado en Las Eras, en forma de medas, para
después echar la parva, que simplemente consistía en deshacer los manojos y
esparcirlos, aunque antes de esto, era menester agadañar la hierba del suelo, que
consistía en segar la zona donde se iba a extender la parva, y así evitar que una vez trillada ésta, quedasen olvidados entre las hierbas los tan preciados granos de cereal.
La parva se extendía en forma circular de aproximadamente unos 20 metros de
diámetro, en parcelas que se sorteaban todos los años. En algunos pueblos había que abonar una pequeña cantidad en concepto de uso del suelo, por lo cual, algunos vecinos optaban por trillar en otros lugares ajenos a Las Eras, por los cuales no
había que abonar ninguna cantidad.
Cuando el sol empezaba a apretar, era el momento propicio de la trilla. Los animales, siempre en pareja y unidos por el yugo, tomaban el protagonismo, haciendo su particular y a la vez duro trabajo de tirar del trillo (los cuales eran comprados en Cantalejo-Segovia), mediante el cambicio, que iba desde el yugo hasta el trillo y sujeto en el piòn de éste. Los animales daban vueltas incansablemente alrededor de la parva, con los morros tapados con un cesto de mimbre, y así evitar que se entretuvieran comiendo el cereal, para poco a poco ir machacando la paja y soltando el grano de la espiga. La
mayoría de las veces, estas parejas estaban formadas por 2 vacas, aunque no era extraño ver
también parejas de burros, o incluso en menor medida pareja vaca-burro. Cabe destacar que el trillo que utilizaban las vacas, era algo mas pesado que el que utilizaban los burros, dada la mayor capacidad de arrastre de estas. La trilla se
podía demorar mas de 2 jornadas enteras en terminar si se trataba de trigo o cebada, el centeno llegaba incluso a tardar más , cabe reseñar que en la trilla del centeno, dada su mayor dureza, se
procedía a ponerle debajo del trillo, unos trozos de algún guadaño inservible o incluso
algún trozo de sierra que ya no servía como tal , para que ayudaran a las propias piedras cortantes del trillo a ejecutar el corte del cereal,
además en trilla del centeno , los jornaleros entraban a la parva a sacudir las pajas para
confeccionar las mañizas que posteriormente serian utilizadas en época de matanza para chamuscar a los cerdos, y para hacer payizos que
servían para apoyar las calderas cuando se retiraban del fuego, y para hacer los cuelmos, que se utilizarían al año siguiente para atar el cereal en forma de manojos. Si se
disponía de otra pareja de animales, estos se turnaban, pero en la mayoría de los casos no era extraño que
algún vecino que terminaba su labor, prestara los suyos en una clara actitud de
colaboración entre las gentes.
En muchas ocasiones era una misma persona la que llegaba a estar la jornada entera subida al trillo, soportando el riguroso calor y los muchos
tábanos que por allí merodeaban , atendiendo a su vez que los animales no defecaran encima del cereal, para lo cual
recogían sus excrementos en el buesteiro ó con la pala, a veces eran los mas pequeños de la casa los que
hacían la dura actividad de estar la jornada en el trillo, por lo cual se
ponían unas piedras para hacer peso, para que el trillo ejerciera mas presión sobre la paja.
A media jornada llegaba el momento de reponer fuerzas, para lo cual, a la sombra de la meda, no faltaba el pan, el chorizo y el tocino, una ensalada de frebas de bacalao, y si
había suerte, una lata de sardinas, siempre acompañados por el botijo o la barrila de agua y la calabaza de vino. Se aprovechaba este momento para charlar ,la
mayoría de las veces, siempre acerca de como había ido la cosecha y otros temas relacionados con la actividad,
además era el momento de que los propios animales tuvieran su alimento. Una vez terminado ese pequeño momento de relax, aún quedaba una dura jornada por delante.
Los animales seguirían tirando del trillo, mientras los jornaleros cada cierto tiempo y para que se trillara bien, entraban para darle la vuelta a la parva, para lo cual utilizaban sus tornaderas, una vez que la paja iba estando mas trillada, este trabajo
había que realizarlo con la pala picuda, para poder darle la vuelta correctamente.
Pasadas las duras jornadas, cuando la paja estaba bien machacada y el grano completamente desprendido, era el respiro de los animales que por fin terminaban su dura labor de tirar del trillo, pero los jornaleros
todavía tenían que recoger toda la parva, ayudados por la vienda, el rastro y el barredero, èsta era recogida a un
montón llamado parvòn, donde quedaba recogida y dispuesta para la "limpia".
Colaboran: Mª S. González, Antonio González, Victor Sanabria (Pobladura), Santiago
Antón (Abejera), Sebastián Baz (Valer), Demetrio Folgado (Sesnandez).
Autor: Texto libre de J.M.C Este articulo ha sido visitado 4758 veces desde 1/7/2002 (2953 dia/s) |