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TAGS: Historia
25JUL2008

Historia de jeijo

Una Historia muy Lejana


El mejor profeta del futuro es el pasado
- Lord Byron.

Estuvieron dando vueltas por el sitio que les habían indicado. Jeijo y su amigo habían deambulado un buen rato por un monte que caía vertical sobre el río Mena. Sus mansas aguas fluían bajo un fino témpano que tiritaba en el suave devenir del río, camino de su encuentro con su compañero el “Aliste”. Discutían entre ellos cuál podía ser el error y repasaron las indicaciones que les había dado la abuela de su amigo: bajar por el camino de Tolilla hasta que se hace llano para desviarse a la derecha y seguir un sendero que discurre parejo al río. Después, cruzarlo por un pequeño pasadero de losas de pizarra y posteriormente subir por un camino que conduce a un pinar situado en la falda derecha del monte pegado al río. Allí encontrarían parte de las murallas de un castillo, pero no vieron nada.


Tras media hora de pesquisas decidieron desandar el camino, más que nada obligados porque en los últimos días de diciembre la duración de la tarde era irrisoria. Además, aquel día una película de niebla alta ocultaba todo viso de luz solar, dejando los dominios del cielo al grajo que con su canto de aullido rompía el silencio del invierno disfrazado aquel día de un sudor empapado en la tierra, de un paciente goteo en las ramas ateridas de los árboles y de un frío húmedo que traspasaba toda la ropa que uno se podía poner para llegar punzante a los huesos. La andanza toda la tarde entre el oscuro verde de la hierba de la ribera y las jaras del monte había calado a los dos muchachos y, justo antes de atravesar el río otra vez por el pequeño paso elegido, en un lugar donde el río se estrechaba e inventaba diminutas cascadas plateadas, junto a unas rocas, su amigo decidió encender un fuego.


La excusa era calentar los pies, pero teniendo en cuenta que estaban a escasos veinte minutos de casa, la verdadera razón había que buscarla quizás en la psique humana. Era la poderosa llamada de usar unas cerillas que había birlado de la cocina de la casa de sus abuelos y encender un fuego en el campo como habría hecho cualquier antepasado. Una tradición antigua que seguía viva en la piel del hombre a pesar de vivir en una era de tecnología y de bienestar. Puede que el fuego dejará de ser aquel primer gran invento de la humanidad que hizo al ser humano abandonar el camino de las bestias, sin embargo, en Aliste, aún seguía siendo una eficaz arma para todos.


El fuego tardó en coger fuerza. La leña que habían cogido estaba húmeda y al principio sólo expiraba un humo blanco que se perdía rápidamente entre el día gris. El amigo de Jeijo había sido previsor y portaba en el bolsillo de su cazadora suficiente papel para atormentar hasta el fin una leña que se resistía a su incineración. Al final, una llama lenta pero segura se hizo paso entre los porros y los fue quemando a la misma velocidad que Jeijo y su compañero se descalzaban y ponían sus botas y calcetines cerca del fuego. Pronto comenzaron a humear y los dos chicos colocaron sus manos por encima del fuego, en ademán de dominio, mientras se reían de su fracaso y decidían que volverían a intentarlo el día siguiente.


La vuelta a casa, con los pies envueltos en calcetines calientes, se hizo más cómoda y llegaron al pueblo cuando la noche se colaba sin piedad en un día opaco que no oponía resistencia. Lober parecía dormitar a pesar de ser las seis de la tarde y sólo daba visos de estar vivo por el humo que huía por las decenas de chimeneas que apuntaban como tímidos cañones al cielo. Las escasas farolas poco ayudaban a dar vida al pueblo y los dos mozalbetes se perdieron por calles de sombras oscuras dirección a sus respectivas casas y al resguardo de un buen fuego, otra vez.


Jeijo arribó feliz a la casa de sus abuelos. Para Jeijo las navidades eran una etapa del año muy familiar en la que pasaba extraordinarios días con sus primos y algunos amigos que pocas más veces veía. Los días se hacían cortos pero se aprovechaban al máximo: patinaban sobre charcos helados, jugaban con la nieve cuando hacía acto de presencia, practicaban el deporte rey en el resbaladizo césped de la era o hacían una buena fogata en la “palomara”. Una vez que las tardes se hacían noches, los sillones del salón de la casa de sus abuelos era un campo de batalla perfecto para que él, su hermano y sus primos se picaran unos con otros. También los juegos de cartas y de sobremesa eran habituales mientras la estufa de leña, un motor en propulsión, ahuyentaba a las frías garras del invierno de rasguñar a su familia. La diversión se completaba con la televisión de “las dos cadenas" que siempre emitía alguna película o serie que en esas entrañables fechas se consagraban tanto para niños y jóvenes.


El día siguiente despertó con una helada. La niebla había desaparecido por la noche y parecía que las estrellas habían dejado su impronta de polvo galáctico sobre la tierra. La buena noticia era que el cielo volvía a iluminar las tersas caras de los alistanos y se agradecía, sobre todo a la abrigada, el tibio calor del sol. Jeijo, después de comer fue en busca de su amigo. Éste había vuelto a interrogar a su abuela, pero la información sobre el sitio seguía siendo la misma. Lo único novedoso fue que según parece el castillo estuvo habitado por los “moros”.


La travesía del camino se hizo más rápida que el día anterior. Ya conocían por dónde tenía que ir para encontrarse con la historia. Llegaron al mismo lugar y volvieron a recorrer el monte. Se centraron sobre todo en la cima, pensaron que si había restos de un castillo, éste por lógica, debería encontrarse en lo más alto. Lo único que encontraron fueron jaras, robles, espinos y escobas; maleza en general tan tupida que apenas si se podía andar. Otra vez les tocaba volver a Lober sin nada en sus manos.


Al atardecer, una luna recién creciente parecía pinchar con sus dos cuernos el cielo violáceo. La decepción fue compañera de los dos chicos en su regreso. Al menos, la tarde había sido soleada y, mientras el sol se dignó en dominar el cielo, Jeijo había disfrutado del paseo por la ribera fundiéndose con el bello paisaje, aun a pesar de que la muerte invernal estaba presente en la mayoría de las plantas que los escoltaban. El viaje de ida había sido un cúmulo de sueños y alucinaciones en la cabeza de Jeijo que, como un pequeño Don Quijote, se había llenado de historias antiguas en las que las espadas cristianas en forma de cruz colisionaban contra las medias lunas moras en escaramuzas sin fin. Pensaba Jeijo que por allí pudo haber una batalla y a las pruebas se remitía: la leyenda sobre la campana de oro de la iglesia robada por los “infieles” y el castillo que estaban buscando. Sin embargo, todas aquellas ideas se desmoronaron como un castillo, esta vez de naipes, y los gigantes guerreros de ambos bandos sólo fueron aire en un monte que ofrecía unas magníficas vistas del pueblo de Tolilla y de la ribera del Mena. Al menos, pensó Jeijo, había conocido un bello lugar.


Los años pasaron y su pasión por Aliste hizo que la ilusión de historia arrebatada en aquellas navidades y en aquel monte volviera con nuevos bríos. Buscando nuevas rutas de bicicleta por la comarca alistana, cayó en sus manos un trayecto que pasaba por el castro de Mellanes. Jeijo había oído más veces hablar de la palabra castro, pero pensó que se refería a una manera de llamar a algunos montes y la incluía en ese diccionario con palabras que no tenían cabida en el castellano del siglo XX y sí en el antiguo dialecto leonés. Pero esta vez estaba equivocado. La ruta hacía referencia a que todavía se podían observar parte de las murallas y del foso del antiguo poblado celta que estuvo allí asentado. Jeijo se quedó de piedra. A pocos kilómetros de su Lober, existió un antiguo poblado celta del que había restos. Y él sin saberlo... Desde entonces investigó más sobre aquello y su sorpresa se acrecentó al comprobar que más de la mitad de los pueblos de Aliste tenían su castro, es decir, su antigua historia. Y así descubrió que la abuela de su amigo tenía razón, aunque hubiera errado en quiénes fueron sus moradores. Tampoco se extrañó porque, quizás por falta de estudios sobre la historia del país, la gente mayor siempre hacía referencia a la invasión musulmana para explicar parte de su pasado.


Así que un día de invierno otra vez, y cambiando a su amigo por su inseparable compañero de fatigas en sus largos paseos, un pequeño perro de color negro, puso sus ilusiones rumbo al castro de Tolilla. Hizo el mismo recorrido que antaño y se dio cuenta de que no se habían equivocado un ápice. Además, Jeijo comprobó que estuvieron justo al lado de la muralla y no la vieron, a pesar de que la pisaron. Claro está que la idea de muralla medieval que de niños poseían nada tenía que ver con la realidad. El castro de Tolilla aún dejaba ver un pequeño montículo de tierra que se levantaba sobre el suelo lo suficiente para darse cuenta de que aquello era algo hecho por la mano del hombre. No le quedó ninguna duda cuando descubrió, por la parte exterior de lo que quedaba de muro, una hendidura hecha sobre el terreno que según los entendidos fue el foso que rodeaba la muralla a modo de defensa externa.


Las ahora pobres y derruidas protecciones fueron importantes para los Zoelas, pueblo astur que habitó aquellas tierras antes de la invasión romana. Ya es una historia muy lejana, pero aquellos hombres y mujeres se sirvieron para sobrevivir del mismo paisaje que Jeijo aún podía contemplar. La misma tierra en la que uno todavía podía perderse por miles de veredas y decenas de arroyos serpenteantes entre los pequeños montes en los que seguían reinando el jabalí, el lobo y el ciervo, animales aún temidos, odiados y venerados, como entonces. Los antiguos poblados siguieron vivos con la llegada de los romanos hasta que el tiempo los hizo inútiles y se convirtieron en centinelas silenciosos y olvidados de los pueblos alistanos. Más vale tarde que nunca – se dijo Jeijo, y dio gracias por haber conocido aquello.



“A Ángel Esparza Arroyo, por su minucioso estudio sobre los castros del noroeste zamorano, que me ha hecho descubrir parajes encantadores”.


Jeijo.


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Escrito por CALAiTO

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14JUL2008

Articulos por gumaro

UNA TARDE DEL MES DE MAYO PASEANDO POR LAS CALLES DE MI PUEBLO LOBER

 

Una tarde del mes de mayo, cuando el sol brillaba en el alto cielo alistano por la ya avanzada primavera, me dispuse ir a mi pueblo, Lober, y dar un paseo por sus añoradas calles para mí.

Desde Moveros nos separan unos 14 klm, los cuales parece que se multiplican al no tener visibilidad hacía la Sierra de la Culebra, pero que llegando al Sierro de Mellanes puede verse a lo largo del horizonte, y en el visible valle pueden verse también las tierras de Lober.

Pues bien, llego a Lober alrededor de las cinco de la tarde, bajo un espléndido sol primaveral, mientras el canto del cuco se dejaba oír por los robledales del cercano Tomillar, y los pardales cantaban por los tejados de las viejas casas mientras la hembra seguramente encubaba los huevos. Aparco el coche frente a las llamadas casas rurales, y máquina en mano por si las circunstancias lo requerían tirar alguna foto, y me dispongo a dar el mencionado paseo por las mencionadas calles de mí pueblo.

Me detuve frente a la vieja escuela (hoy reformada y destinada a consultorio médico) y mirándola, di la vuelta alrededor, pensando lo que aquella plaza fue en algún tiempo durante las horas de recreo, y entradas y salidas de la escuela. A la salida al recreo nos daban aquella leche de polvos, no tenía el gusto de la de vaca que tomábamos ocasionalmente cuando alguna vaca criaba, y nos daban los calostros de aquellos primeros días, y que comíamos familiarmente todos de la misma tartera. Por la tarde a la salida nos daban una especie de mantequilla de un color amarillo, y que untábamos un buen rescaño de pan de la guaza, más bien tirando a duro, y espolvoreado con poco azúcar por encima.

Las rapazas jugaban a la comba con una cuerda hecha de juncos por ellas mismas que anterior mente habían arrancado seguramente en el arroyo del Valle. Los rapaces jugábamos a la “Pínguela”, juego que después se dejó por peligroso a consecuencia de una accidental lesión que sufrió uno de nuestros compañeros y que a punto estuvo de perder un ojo.

Continúo la calle abajo dejando atrás la plaza y la escuela de donde tantos recuerdos guardo de toda mi niñez, y de todos los rapaces de aquella época. Un poco más abajo ya comienzo a divisar la iglesia con las campanas y el chivital, donde tanta afición teníamos los rapaces los sábados y domingos a repicar las campanas, y de donde yo en particular guardo una anécdota que ahora no me quiero parar a explicar, seguramente mucha gente de Lober aún la recuerdan dado los comentarios que por el pueblo hubo por aquellos días, y que a mí me costó unas tortas que me dio el sacerdote que era D. Antonio González  (años 1961- 1962).

Tantos recuerdos de la plaza de escuela, guardo de la plaza “La Moral”, punto de encuentro de los rapaces de toda la vida. Decimos “LA Moral”, por que antiguamente había dos grandes morales en ésta plaza, ubicadas donde estaba el ya también desaparecido charíz, con su correspondiente pilón, que fue construido en el año 1957, y se destruyo en la década de los años 90.

La plaza de “La Moral” punto de encuentro también de los mozos ,todas las noches los mozos allí se reunían, tanto en invierno como en verano, donde contaban anécdotas y aventuras ocurridas durante el día, en invierno hacían una gran lumbre, donde alargaban sus veladas hasta bien pasada la media noche.

Continuo en solitario con mi paseo, aun no había encontrado ni una sola persona con quien intercambiar una sola palabra, solo continuaba escuchando el cántico de los tordos en el tejado de la iglesia, y dos burros que estaban pastando detrás de la casa de la cual yo soy hijo, un poco más abajo veo un hombre subido el lo alto de un tejado, tal vez quitando alguna gotera que hubiera visto con la lluvia caída días antes, con el cual intercambiamos un saludo y escasas palabras más, y llegando a la punta de abajo del pueblo me doy la vuelta con un montón de recuerdos en mi mente, y unas cuantas fotos en la cámara, y ya comienzo el camino de retorno hacia el punto de partida por la calle de abajo. Llegando al punto donde se encuentra expuesto el mayo, me encontré un rapa de escasa edad, el único que vi en todo mi paseo, y con el que hable escuetas palabras.

Sé que hay poca gente en el pueblo, pero no me pensaba dar una vuelta por el pueblo y no encontrar a nadie con quien hablar, pero es así, y es que yo estaba acostumbrado a ir en el mes de agosto cuando Gumaro los habitantes se multiplican.

Carretera arriba hacia balance de éste deseado paseo, el cual solo me hizo refrescar la mente de recuerdos de años ya muy lejanos

 

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03JUL2008

Articulos por gumaro

HISTORIAS Y COSTUMBRES DE MI PUEBLO LOBER

EL TOQUE DE ORACIÓN

El toque de oración fue costumbre en nuestro pueblo, consistía en tocar ocho ó diez campanadas al tiempo de anochecer, con intervalos de cinco segundos aproximadamente, la cual, no sé si aún continua o no, pero en aquellos años tenía dos significados, uno rezar las ave marías, cosa que en aquellos años se hacía en la mayor parte de las cocinas al humor de la lumbre. La otra era como un toque de recigida, al oír la primera campanada, los más menores que jugaban en el punto de encuentro "La Moral", tomaban carrera hacía sus respectivas casas, cosa que tanto nuestros padres como nuestros maestros nos tenían dicho, y las calles a partir de esa hora quedaban prácticamente solas.

A esa hora de la noche, los que tomaban las calles por suyas eran los mozos, y si quedaba algún menor despistado, los primeros corrían tras él haciéndolo entrar en casa en pocos minutos. Los mozos poco apoco se iban reuniendo en el punto de encuentro "La Moral", en tiempo de frío hacían una gran lumbre cogiendo la leña del cabañal de mi tío cualquiera, en ella se calentaban por delante, pero por detrás con las espaldas heladas, pero allí aguantaban hasta altas horas de la noche contando anécdotas ó historias ocurridas por el día, a veces acompañados de alguna botella de aguardiente, que ellos habían comprado a "escote".

Entre los mozos había el llamado "Alcalde", era el que mandaba, para dar alguna orden juntaba los mozos, siempre por la noche a toque de cuerno, al sentir éste, acudían todos, ya que se imaginaban que algo nuevo sucedía.

PAGAR LAS COSTUMBRES

Era costumbre cobrar las costumbres a los mozos forasteros cuando éstos comenzaban relaciones con alguna moza del pueblo, si éste, acudía varias veces a hablar con ella. El alcalde tocaba el cuerno, acudían los mozos, y todos iban a hablar con él con el único fin de que pagase "Las Costumbres", esto consistía en que pagase una invitada en la taberna, que solía ser un cántaro de vino y una lata de escabeche. Sí alguno se resistía a no pagar (que de todo había) corría el peligro de que se le diera un chapuzón en el pilón aunque fuera en pleno invierno. Pero si éste continuaba con la relación, cuando se casaba se le cobraba el "Cigueño", el cigueño ya era más caro, yo recuerdo que en que en la década de los 60 se le cobraban 1000 de la antiguas pesetas, con esto ya había para una gran cena, yo recuerdo que en aquella década se casaron en Lober ocho ó diez forasteros, a la cena se invitaba también al anfitrión si se había portado bien, y se acababa la fiesta echando la ronda alrededor del pueblo amenizada con gaita i tamboril, ya de tradición en nuestro pueblo.

PAGAR LA MEDIA

También era tradición pagar la "Media". Al cumplir los 14 ó 15 años, para ser mozos los chavales tenían que pagar la "Media", Si no la pagaban, éstos no tenían derecho ha bailar con las mozas, ni a andar por la calle después del toque a la "oración", por tanto, que llegada ésa edad, y pensando las complicaciones que podía tener, no dudaban en pagar. Pagar la media quería decir pagar medio cántaro de vino, que junto con algo más que ponían los mozos se hacía una cena a base de escabeche y vino en la taberna. Durante ella al nuevo mozo se le leían las leyes penales por el alcalde de éstos, que consistía en explicarle como se debía comportar en su nueva vida, y sobre todo guardar secreto de cuantas conversaciones hubiera entre los mozos.

EL RAMO

El Ramo era otra tradición en Lober, tenía lugar la noche de San Juan. Esa noche en grupos o en solitario, los mozos ponían el Ramo a las mozas. Era tiempo de cerezas, los mozos corrían los cerezos del pueblo cortando los mejores ramos de cerezas y poniéndolos en los tejados de las mozas, ninguna de éstas se quedaba sin Ramo, pero claro está, si un mozo festejaba con una moza, éste siempre miraba deponerle el mejor, por tanto que si una moza no tenía admirador a ésta siempre le tocaba el más malo. También sucedía que si una moza daba calabazas a un mozo, éste en vez de Ramo de cerezas le colocaba un ramo de cardos como venganza.

Otra tradición era poner el "Mayo" el día 1 de mayo. Aquí ya no me boy a extender, dado que según referencias, aún en el día de hoy ésta tradición perdura, y yo, de eso me alegro.

LA MACHORRA

La "Machorra" era otra buena. Tenía lugar el día de Todos los Santos. Los mozos el día de Todos los Santos de buena mañana cojian un carro tirado por ellos mismos, y se dirigían a un monte público donde mejor leña había, arrancaban jaras, podaban robles, haciendo un buen carro de leña, que luego ellos mismos tirando lo llevaban hasta "La Moral", donde a la salida de misa se subastaba, y se le adjudicaba al mejor postor. Esto era para recaudar fondos para La Machorra, la cual, el día antes los mozos habían comprado, y la tenían para celebrar el mencionado día. Ese día se cojia una casa vieja deshabitada propiedad de algún mozo, y allí se preparaba el regocijo, se hacía el almuerzo, que solían ser patatas guisadas con carne, a medio día se hacia la comida a base de carne guisada, y la cena de la noche ya era de las sobras de medio día, a éstas comidas las acompaña un buen pellejo de vino (odre) y alguna botella de coñac, y no acostumbrados a tantos excesos esa noche había muy malas digestiones.

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04JUN2008

Articulos por gumaro

LAS COLMENAS

Las colmenas eran otro recurso económico de algunas familias de Aliste, y desde antiguo estaban, y aún continúan estando presentes en pequeñas cantidades, en todos los pueblos de nuestra comarca.

Las primeras colmenas que cobijaron las abejas eran hechas de troncos de árboles, bien de trozos de árboles que con el paso de los años se habían quedado vacíos por dentro, o bien de trozos de árbol vaciados por dentro para tal fin.

Mas tarde vinieron las colmenas de corcho, hoy ya son piezas de museo, aunque aún podemos contemplar algún ejemplar. Las colmenas de corcho protegían a las abejas del frío de los crudos inviernos alistanos, y al mismo tiempo también del la lluvia. Solían ser de forma redondeada como el árbol donde habían extraído el corcho, otras también de forma cuadrada hechas de piezas de corcho y clavadas por los lados con puntas de madera hechas de urces o de jara, en los dos casos la tapa era también de corcho. Por encima iban protegidas con una pieza de pizarra que servía de tejado y al mismo tiempo hacia de peso para no ser arrastrada por el viento, la base solía ser de una pieza de piedra. El orificio de salida y entrada de las abejas estaba situado siempre al medio día.

Dentro de la colmena se ponían dos palos en forma de cruz para evitar la deformación de la colmena.

En el mes de octubre era la época de la recolección. Con un ahumador se ahumeaba la colmena por dentro, con el humo las abejas no son tan agresivas, y hacía que la maestra subiera hacía arriba evitando que al cortar los panales, ésta muriera, ya que si moría la maestra, moría todo el enjambre.

Para sacar la miel del corcho, se hacía con la castradera, (forma de espátula) se cortaban los panales que ataban pegados al corcho, luego estos se iban cortando a trozos que se dejaban en un baño tapado con un trapo para que las abejas no se metieran en él.

Mas o menos se dejaba la mitad de la miel en la colmena , para que las abejas pudieran comer durante el largo invierno, si el invierno venia muy frío, también se le llevaba azúcar para que comieran, a la espera que salieran las primeras flores de la primavera.

Para extraer la miel de los panales, se ponían estos en una caldera, y estrujados con el cucharón, se ponía la caldera al fuego hasta dejarlo hervir. Una vez hervidos se dejaba en reposo hasta el día siguiente, quedando la miel reposada al fondo, y la cera flotando, con una espumadera se sacaba la cera por encima, cuando ya se había sacado la cera se repetía la operación de hervirlo, si quedaba alguna impureza de cera se volvía a pasar la espumadera, ahora la miel ya quedaba limpia. Después la cera se ponía dentro de una caldera con agua, se hervía para lavarla, de éste agua de lavar la cera salía una miel más floja llamada melada, que era repartida a la gente que no cosechaba miel, la cual se calentaba en una cazuela, y para mojar pan era exquisita. Luego la cera aún caliente se apretaba con las manos haciendo unas pelotas, las cuales se vendían a buen precio.

Antiguamente le sacaban más rendimiento a la cera que a la miel, eran los años que en las iglesias lucían velas constantemente.

En nuestros días hay las colmenas llamadas “movilistas o artificiales”, más modernas y prácticas que las de corcho, construidas con tablas sujetas con puntas de hierro, constan de dos elementos, la base y el alza, están colocadas en el suelo sobre una base de piedra y por encima tienen una cubierta de chapa. En su interior hay panales de cera artificial en los cuales las abejas hacen la miel, y al no tener que fabricar la cera, fabrican mas cantidad de miel, a la hora de la recolección o de “castrar” es mas fácil, sólo se tiene que sacar los panales llenos, y repostar otros vacíos. La maestra siempre habita en la base, y está mas protegida, por que sólo se recolecciona la miel del alza. En algunas regiones las mueven de una parte a otra dependiendo de las épocas de las floraciones, esto lo hacen apicultores que trabajan en cantidades industriales, en Aliste la mayor parte son para el consumo familiar, y si sobra se vende, pero siempre en pequeñas cantidades.

En la primavera, entre el 15 de mayo y el 15 de junio salen los enjambres, os enjambres son la cría de las abejas, suelen pararse un día fuera de la colmena, si no encuentran sitio adecuado para meterse se marcha todo el enjambre junto buscando sitio para alojarse, puede ser en un árbol que contenga algún agujero, o hasta en alguna chimenea a veces se ha dado el caso.


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07MAY2008

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LA LANA

La lana en Aliste, hasta finales de los años 1960, era la materia prima para confeccionar la mayoría de las prendas de vestido para toda la familia. Con ella se hacían paños y prendas de punto pero, antes, la lana requería un largo proceso de elaboración.

Nos tenemos que ir muchos años atrás, en una época en la que venían por los pueblos gentes que se dedicaban. única y exclusivamente. a elaborar la lana. Estas gentes procedían de Astorga, comarca de la Maragatería provincia de León. Eran familias que iban por las casas de Aliste haciendo dicha elaboración a la gente que se lo encomendaba. Eran los “maragatos”. Todavía hoy, en Lober, hay familias que provienen de aquella zona y época y que se afincaron en Lober, dedicándose mayormente a la labranza.

Los trabajos de la lana comenzaban el día de la “Esquila” de las ovejas. Días antes ya había pasado el afilador que preparaba las tijeras para dicho evento. Las tijeras, de enormes dimensiones, era la única herramienta que se necesitaba y los esquiladores las manejaban con gran maestría.

La esquila se hacía a primeros de junio. Se ataban las cuatro patas del animal con una cuerda de lana, para no lastimarlas, y tirado en el suelo, era despojado de su "Vellón", el cual envolvían con mucho cuidado las mujeres. Un buen esquilador tardaba aproximadamente una hora en cada oveja.

Después de esquiladas las ovejas, una parte de la lana se vendía tal como salía en vellones y, la que se dejaba para elaborar, se lavaba y se ponía a secar al sol. La lana que se usaba para colchones y almohadas se abría a mano, otra se cardaba y, después, se hilaba con la rueca para, por fin, hacer prendas de punto como toquillas, medias, guantes, calcetines, jerséis, refajos y jergones, entre otras.Las mujeres solían hilar al sol en cualquier rato que dispusieran de tiempo, hasta encima de la burra cuando se iban de un lado a otro, pero era en los típicos hilandares de las veladas nocturnas donde las mujeres se dedicaban especialmente a este menester.

La lana que se usaba para hacer paños en el telar, se hilaba en el “torno” después de cardarla. Este trabajo lo solían hacer los hombres por las noches, en el "escaño". El torno era un artilugio semimecánico compuesto de una rueda grande que movía el huso mediante una correa transmisora. Esta lana servía para tapar, o "trama.

Otra lana se "peinaba, lo que consistía en sacarla con los peines, que eran parecidos a las cardas, pero con las púas más largas. Esta lana se hilaba con la rueca, más fina que la que se hilaba con el torno y se llamaba “anzuela” o de urdimbre.

La operación de urdir se hacía en el telar, aquí era donde tenía lugar la última fase de la elaboración de la lana. En Lober había tres o cuatro telares en los cuales tanto tejían los hombres, como las mujeres pero, en cualquier caso, requería un buen aprendizaje de un buen maestro en la materia.

Cuando ya se había tejido el paño, aún quedaba otro proceso, el “pisonero”, que consistía en pasar el paño entre dos pesados rodillos para enfurtirlo.

En Aliste nuestros antepasados nunca compraban ninguna clase de ropa, pues, entre el lino y la lana, hacían todas sus prendas tanto interiores como exteriores para su uso diario, para invierno y verano, pues no había distinción de las prendas entre el frío y el calor.

Cada año se celebra el día de la “Comarca de aliste, Tábara y Alba” en diferente pueblo cada año (este año la organiza Carbajales de Alba) y allí, habitualmente, se puede disfrutar de las exhibiciones que reproducen algunos de estos trabajos de la pequeña industria alistana que, como tantas otras, van desapareciendo.

 

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26ABR2008

Articulos por gumaro

NACER EN ALISTE

Nacer esa la parte principal de la vida, pero nacer en Aliste hasta hace pocos años era algo distinto a lo que es hoy en cuanto a costumbres se refiere.

El embarazo, las mujeres lo llevaban casi en secreto hasta bien avanzada la gestación, llegando a un punto que ya no podían esconder más. Durante el embarazo las mujeres no eran visitadas por ningún médico ni comadrona, y cuando llegaba la hora del parto, éste tenía lugar en casa de la que en breve sería madre, siendo ayudadas por mujeres vecinas o familiares que ya hubieran pasado por ésta experiencia.

En los primeros días de vida del recién nacido, no era la madre la que daba de mamar al niño, por considerar que en éstos primeros días la leche de la madre no era buena, y en su lugar lo hacía otra mujer que estuviera lactando a otro niño ya de meses, era “la amamantadora” esto lo hacían durante los dos o tres primeros días de vida del niño.

Los padrinos para el bautizo se buscaban entre parientes o amigos, o si bien anteriormente ya éstos se habían ofrecido. Estos padrinos también serían de bodas si estos aún Vivian llegado ese día.

A los ocho días aproximados con el toque de campanas anunciaban el día del bautizo, y si el niño corría peligro, éste se bautizaba en casa con “agua de socorro” agua bendita que la gente solía tener en casa traída de la iglesia el día de sábado santo, día de la bendición de ésta.

El día del bautizo asistía el padre, y en nombre de la madre, lo hacía la madrina, ya que hasta no pasada la cuarentena la madre no podía salir a misa, se bautizaba durante la misa del domingo, cosa que aún hoy persiste. El nombre que se ponía solía ser el del santo del día que nació, o también se acostumbraba a poner el nombre de algún familiar más cercano.

A la salida del bautizo, los padrinos tiraban los tradicionales confites, buscando para tirarlos la parte más seca de la calle, dado que en aquellos años las calles aún no estaban encementadas y el barro en invierno era abundante.

Era costumbre en el pueblo, cuando nacía un niño ir a visitarlo toda la gente del pueblo, llevándole algún presente para la madre, que solía ser alguna tableta de chocolate, o también unos garbanzos o alubias.

El día del bautizo se solía hacer una fiesta, invitando a los familiares a la comida, que hacía la abuela del niño, ya que siendo el bautizo tan reciente la madre aún no podía.

El niño se alimentaba de la leche materna, hasta que empezaba a comer comidas sólidas, lo primero que se le daba era el “pan mascado”, en aquel tiempo en todas tas casas el pan casero solía ponerse algo duro, y para dárselo al niño el padre o la madre se lo masticaban primero, de ésta manera el niño aún sin dientes lo empezaba a comer.

Después de dar a luz, la madre quedaba en casa sin salir guardando la cuarentena, pasada ésta, tenía lugar la “salida a misa" con el niño, y antes de entrar en la iglesia el sacerdote le echaba la bendición, este rito se debe a la presentación de la Virgen al niño el día de las candelas.

El niño iba creciendo y desde ya los primeros meses de vida, se iba acostumbrando al campo, ya que por circunstancias la madre era obligada a llevarlo con ella a hacer las geras del campo, ya que no siempre tenían con quien dejarlo.

A los seis años se llevaba a la escuela por primera vez, a todos nos costó nuestros lloros el primer día de la escuela, la edad escolar era de seis a catorce años, pero la edad escolar ya se compaginaba ésta con las jeras de la casa y del campo. No era una edad muy tardía que ya teníamos quehaceres designados, como partir leña, ir a buscar agua a la fuente. A la edad de catorce años, todos ya estaban incorporados prácticamente a todas las tareas del campo.

Por aquellos tiempos, después de catorce años en Aliste muy pocos eran los que tenían el privilegio de continuar estudiando, no es que fuéramos más torpes que en otras partes de la provincia que si lo hacían, es que Aliste después de ser una comarca pobre, deprimida, y con pocos recursos económicos, la mayor parte de los pueblos estuvimos incomunicados por cualquier medio de transporte con la capital de la provincia hasta bien entrados los años 1970.

 

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19ABR2008

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La emigración en Aliste

Aliste, como otras comarcas del mundo rural, durante las décadas de los años 60 y 70, sufrió una despoblación descomunal, desviando más del 90% de sus jóvenes a provincias más industrializadas. En las últimas décadas este goteo ha continuado, si bien en menor porcentaje, pero teniendo en cuenta que se está despoblando una zona ya despoblada y envejecida.

Las gentes que en aquellos años no emigraron y que en esas décadas tenían 40 ó 45 años, hoy tienen 80 u 85,y éste es otro problema grave de despoblaciónn.

La mayoría de estos emigrantes supieron adaptarse a sus puestos de trabajo y, procediendo de una zona rural y deprimida como era Aliste en aquellos años, supieron administrar su economía y, con sus ahorros, hacerse una casa en sus pueblos de origen. Por eso, en época de puentes y vacaciones, nuestros pueblos vuelven a estar alegres. Ahora, muchos están jubilados y pasan largas temporadas en los pueblos.

La consecuencia de la despoblación y el envejecimiento de la comarca ha provocado la casi total de desaparición de la ganadería y de la agricultura en la zona alistana y, si desaparece la agricultura y la ganadería, hasta el mismo alistano está también en peligro de extinción.

Para apaliar el problema de despoblación en Aliste se tendrían que buscar nuevas alternativas y para eso, debieran tomar mano las administraciones.

Una medida podía ser el desarrollo del turismo rural y Aliste tiene muchas cartas para ganar esta partida. Por un lado tenemos el proyecto para alargar la autovía del Duero hasta la frontera con Portugal. La lástima es que por el norte no nos haya cogido el tren de alta velocidad, entonces sí que tendríamos la partida ganada.

Pero Aliste tiene otros encantos que también nos podrían ayudar. Tenemos la Sierra de la Culebra, con la mayor reserva del “Lobo Ibérico” de toda Europa, tenemos una naturaleza y atmósfera limpias de contaminación, tenemos la relajante temperatura de las noches de verano y, también, buena gastronomía, con las prestigiosas carnes alistanas, entre otras muchas cosas.

Todas éstas cosas las tenemos, pero nos faltan las principales: El alojamiento. Se tendrían que hacer hoteles por diferentes pueblos de la comarca, acondicionar casas rurales y posadas, acondicionar los tradicionales palomares, telares, molinos y fraguas y ponerlos en funcionamiento de su manera natural y de fácil acceso.

Un museo sería imprescindible en la comarca, donde estuviera representada toda la cultura tradicional de Aliste, como pueden ser aperos de labranza, utensilios de cocina como potes y calderas, los típicos trajes alistanos y otras piezas artesanas.

Una biblioteca con libros de temas alistanos, dotada de alguna sala donde se pudieran dar charlas y pasar videos con la cultura alistana.

Interesante sería también la ubicación de un Museo Taller en algún pueblo de Aliste donde algún tejedor pudiera exhibir su trabajo a los visitantes y explicar la elaboración de la lana y el lino desde el cardado y el hilado hasta el tejido de las mantas y mandiles que fueron tan característicos en la comarca alistana.

Promocionar la caza sería también un reclamo para el turismo, soltando perdices y faisanes de granja en primavera, cuando es el tiempo de incubación, para aumentar el número de ejemplares en tiempo de caza.

Igualmente promocionar la pesca del cangrejo y otras variedades de pesca en los ríos y arroyos de la comarca.

¿Sería ésta una solución para Aliste...? Soñar cuesta poco y, a veces se hace y hasta parece que por la mañana se levanta uno más relajado. Pero nunca se sabe.
 

Aragón, “Los Monegros” comarca rural de la provincia de Zaragoza, desértica, despoblada y envejecida. En los últimos meses los principales diarios a nivel nacional hablan de que se está haciendo un estudio para llevar a cabo un gran proyecto “a Gran Escala” de instalaciones en esta comarca: tres campos de golf, tres parques temáticos, casinos, numerosas salas de juego y entidades financieras, 70 hoteles donde se dará empleo a 60.000 personas y por donde pasaran 25 millones de turistas anuales, siendo el primer centro de ocio a nivel mundial, incluso por delante del de las Vegas.

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19ABR2008

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El Cristo de San Vitero

AL lado del pueblo de San Vitero, entre las eras y la carretera hay una Ermita, es la Ermita del Cristo.

En ella se celebran dos fiestas, una el 19 de marzo (Cristo de marzo) y otra el 14 de septiembre (Cristo de septiembre).

En mi reciente viaje a Aliste, y después de 41 años, tuve la ocasión de estar presente en el Cristo de marzo.

Gran cantidad de gente se amontona entorno a la Ermita en éstas fiestas, fiestas bien conocidas en toda la comarca, incluso en León y buena parte de Galicia.

Pude observar que la fiesta religiosa poco ha cambiado respecto a hace 41 años, quizá lo que vi más cambiado fue la poca asistencia de gente a misa y a la procesión, en total asistieron unas 40 rsonas aproximadamente, y me extrañó mucho, por que Aliste es de una gran tradición católica , tal vez fuera por que las inclemencias del tiempo que lo impidieron, al ser un día de mucho viento y temperatura desagradable.

También pude ver que no faltaban las “pulpeiras” de gran tradición en las ferias de los Cristos, antiguamente, el pulpo lo cocían en grandes calderas a la lumbre, ahora lo cuecen con gas. No estaba al alcance de todos el degustar una tabla de pulpo en la feria, ya que costaba 30 euros, teniendo en cuenta, que en el mercado podemos adquirir el kilo entre 6 y 10 euros dependiendo de la calidad.

Había paradas con antiguos aperos de labranza, arados de madera primitivos, trillos, cuero curtido de cuyo material se hacen zagones, cornales y sobeos para la labranza, y hasta en una parada vendían las famosas cholas, al precio de 53 euros, hoy ya casi extinguidas, (pero muy sanas por cierto).

En los años 60 el Cristo era una feria con grandes concentraciones de ganado de todas clases, y hasta había exposiciones de toros sementales de raza alistana, ahora no hay compra -venta de ganado vacuno, y aunque en algunos prados de Aliste aún se ven algunas explotaciones de ganado pudiera ser que, en un tiempo no muy lejano, nuestra denominación de origen “Ternera de Aliste” este al borde de la extinción.

A partir de los años 60 la feria de ganado fue sustituida por feria de maquinaria agrícola, el día del Cristo no había ni una sola máquina agrícola a la venta, esto significa que la poca agricultura que teníamos en Aliste está tocando techo. Si bien, en los últimos años a tomado auge la exposición de buches de raza alistana, la cual se celebraba el sábado día 22, me hubiera gustado asistir, pero por circunstancias no pude.

Antiguamente cuando empezaba a caer la tarde la gente de los pueblos emprendían el viaje de retorno a sus respectivos pueblos de origen, el único medio de locomoción eran las caballerías quedándose la juventud a los bailes que a partir de la noche se hacían en San Vitero. El día del Cristo, la cuaresma no prohibía hacer baile, amenizado con gaita alistana y tamboril. Ahora ésta fiesta conlleva hasta cuatro noches de baile amenizado por diferentes y costosas orquestas.

En aquellos años al caer la noche en Lober el día del Cristo, llegaban los carbajalinos con las vacas compradas en la feria, hacían noche en Lober en casa la “Ti Mariguiña” se habían llegado a contar hasta 20 vacas compradas en el Cristo sólo los de Carbajales, y parece que hasta en Lober nos llegaban aires de fiesta.

Hay alguna leyenda en Aliste que dice que la Ermita del Cristo es “alistana”, es decir, que colaboraron en ella varios pueblos de Aliste. De ahi que en tiempos pasados pidiesen “los cuadrilleros” en los pueblos para el Cristo, estos fondos se entregaban para gastos de la Ermita.

 

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31MAR2008

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LA ERMITA YA ES HISTORIA

 

En la mitad del camino entre Lober y Tolilla existe un paraje que se llama “LA ERMITA, pero yo creo que hoy hay gente en Lober y Tolilla que no saben que allí existió una Ermita, en la cual yo me acuerdo siendo un niño de 6 ó 7 años de ir a Misa el Domingo de Ramos y el día de Jueves Santo, a la salida de Misa, los vecinos de Lober y de Tolilla podían verse, saludarse o hacer alguna conversación o comentario.

También había una fuente cerca de la Ermita por encima del camino. Yo no la conocí con agua pero los antepasados contaban que siempre tenía agua, si acaso se secaba algún año de los más secos, los monaguillos siempre cojian allí el agua para consagrar en la Misa y el cura D. Pedro (años 1910 1920) no gustándole la idea esa de coger de aquella agua les dijo: de esa fuente no cogereis más agua, y desde aquel año dicen que la fuente se fue secando poco a poco, hoy aún puede verse en aquel sitio la hierba verde incluso en verano, pero de agua, ni cuando llueve.

 

Los Santos que había en el retablo, San Fabián y San Sebastián creo que eran, si no recuerdo mal, fueron robados de la Ermita por el año 1960 , y denunciado el robo a la Guardia Civil fueron encontrados en Madrid, hoy día dicen que están en la Iglesia de Tolilla.

Después, por los años 1963 ó 1964 ya estando la estructura de la Ermita en estado ruinoso decidieron derrumbarla, la piedra se subastó, y hoy día pede verse como cierre en una finca de Lober.

El año 2004 fueron al sitio de la Ermita el pueblo de Lober y Tolilla con el párroco de ambos pueblos D. Mariano y clavaron allí una cruz que es lo que hoy allí existe.

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LA CASAS ANTIGUAS EN LOBER

Los materiales básicos en las casas antiguas en Lober eran: el barro, la paja, el adobe, la piedra y la madera. El barro (tierra mezclada con agua y paja) se ha usado en la contrición de casas desde que el hombre existe. Los adobes no era un barro muy pegajoso, era tierra mezclada con paja y agua, que se hacía en grandes masas, y que se amasaba con los pies, a mi me toco hacerlo, (la tierra se sacaba en balde el mayo al lado de la fuente ), una vez la masa hecha, con una horma llamada adobera se hacían los adobes que se dejaban secar al sol durante días, una vez secos se recogían guardándolos en pajares para reservarlos de la humedad. Este trabajo se solía hacer en el mes de septiembre.. los adobes se utilizaban para hacer tabiques y para hacer la bóveda de los hornos.

La piedra se arrancaba en canteras, no siempre se encontraban canteras con buena piedra, las más largas y rectangulares se guardaban para las esquinas, y miembros de puertas y ventanas.

Los tejados son de pendiente a dos aguas, en la antigüedad cubiertos con pizarra, y más tarde con teja roja, ambos productos extraídos del subsuelo de la comarca, la pizarra de los yacimientos de Fradellos, y el barro, materia prima de la teja, extraído del subsuelo de Ceadea, y elaborada en los antiguos tejares del mismo pueblo (hoy ya desaparecidos). La maderera, procedía de la del corte de árboles particulares y era imprescindible para el armazón de los tejados, vigas cantiagos y chilla, y también para el “sobrao”.

La casa en Lober, era una construcción adaptada a las trabajos agrícolas, y ganaderos. Como ya he dicho, hecha de piedra suelta recibida con barro, y las paredes de un grosor de 55 cm. La casa rural alistana solía estar dividida en dos partes, una para las personas, y otra para los animales, la cuadra y el corral. En el corral solía haber una portalada donde se guardaba el carro y los aperos de labranza, el espacio que seguía era el corral, donde estaba la cuadra de las vacas, y donde se almacenaba el estiércol sacado de la cuadra y que por él andaban escarbando todo el día las gallinas.

Por el corral se entraba a la vivienda, con una puerta de cuarterón. Dentro de la vivienda, lo más común era la cocina, la despensa, y algún cuarto, y la escalera que subía al sobrao, donde estaban los dormitorios, y muchas veces el granero.

La cocina fue siempre el alma de la casa en Lober y en Aliste, la chimenea con las llares y la caldera de cobre en la que se cocía la comida para los cuchinos siempre ennegrecida. Alrededor de la lumbre unas tizas de roble o de encina, los potes ,los pucheros, la sartén, el fuelle, las esparrillas y las tenazas. El mobiliario se componía de algún escaño, banquilla, las banquetas, y la mesa de comer. Allí comía toda la familia, y todos comían de la misma tartera y se pasaban largas veladas los días lluviosos de invierno, hilando o contando anécdotas al humor de la lumbre.

En la actualidad, hay viviendas de nueva constricción con todos los adelantos y comodidades modernas, algunas de ellas con apariencia de chalet, que normalmente solo son habitadas en época de vacaciones. Los pueblos de Aliste aún conservan la belleza de la arquitectura tradicional, pero que poco a poco van perdiendo las características propias de nuestra tierra alistana.font>

 

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PALOMARES, CORRALES Y PUENTES.

Por cualquier pueblo de Aliste que nos demos un paseo por las afueras, podemos contemplar bellas y antiguas estampas alistanas, con arquitecturas de épocas medievales, éstas estampas son: Los palomares, los corrales de ovejas o pariciones y los puentes.

Los palomares alistanos, son de formas simples, dentro de la arquitectura poular de la comarca.

Están levantados en sitios soleados, y siempre cercanos al pueblo, son construcciones de una sola planta, de forma rectangular, y a veces redondeada en su parte delantera, con una única caída de aguas al mediodía. Tienen paredes de piedra, y a veces revocados con barro o cal, el tejado es simple, cubierto casi siempre con pizarra. En la parte de arriba del tejado y el alero de éste van rodeados por una pequeña altura de piedras que hace de abrigo para las palomas. L a puerta es de madera rústica recubierta con grandes clavos y sin pintar. En la mayoría de los palomares alistanos la entrada y la salida de las palomas es por unos agujeros situados por debajo del alero de la parte central.

Hoy día como tantas otras cosas alistanas no hay garantías de su supervivencia. Los palomares han muerto lentamente en manos del olvido, la vida moderna ha acabado con su sentido.

Las palomas acudían al palomar con cebo o pienso que se le ponía sobre todo en invierno. En primavera se apareaban guerando o encubando los huevos. Los beneficios que daba el palomar eran dos: los pichones que aparte del consumo familiar, también se vendían, y el estiércol o palomina muy apreciado para abonar las tierras, las tierras que se abonaban con palomina el fruto era seguro.

En Aliste, otras edificaciones curiosas son las casetas o pariciones para encerrar las ovejas, son corrales hechos con pared de piedra seca , sin barro , de un metro y medio o dos de altura de forma cuadrada, o redonda, y un trozo cubierto con pizarra o teja, pero la mayor parte sin cubrir, facilitando así la ventilación y aireado del ganado. La parte superior de la pared, le ponían una gran bardiza de zarzas para evitar los ataques de las manadas de los hambrientos lobos que por toda la comarca se escondían durante todo el año. Estos corrales solían estar en cualquier parte del término de los pueblos, reduciendo así el camino a las ovejas, y nada más salir del corral podían empezar a pastorear.

Dado que el ganado ovino, también ha perdido mucho en Aliste en los últimos años, éstos corrales aún tienen actividad dado ala importante cabaña ovina que existe aún en la comarca alistana.

Otras arquitecturas medievales son los antiguos puentes y pasaderos, situados por todos nuestros ríos y arroyos, y son un claro un claro ejemplo del sentido práctico de los pueblos.

En Lober tenemos un puente de piedra de muy antiguo sobre el Río Mena a su paso por el camino de Fradellos, el puente de la puente bajo sobre el arroyo que da acceso al camino de Tolilla, hoy ya casi anulado al no haber agua en el arroyo debido a los desagües más profundos que bajan por el mismo, pero que en tiempos, en invierno era vital, igualmente los pasaderos que hay en el mismo arroyo unos metros más arriba por donde se accedía a la patera, el puente de fuente lugar hoy ya reformado, los pasaderos del arroyo de los cabaderos, los pasaderos para pasar el arroyo de la boca el valle, los pasaderos de los pontones y tantos otros que en tiempos no muy lejanos nos eran imprescindibles y que hoy en día ya los tenemos en el olvido.

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Escrito por D.F.F.

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12MAR2008

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EL PAN

En tiempos antiguos muy remotos en la mayoría de las casas se “amasaba”, no sólo en Aliste, sino en la mayor parte de los pueblos de todas las regiones de España.

Este trabajo, normalmente lo hacia la mujer de la casa. Dependiendo de la época del año se hacían más o menos hogazas, en invierno el pan aguantaba más, y en verano se quedaba más duro. Por eso algunas mujeres se ponían de acuerdo, y hacían tres o cuatro hogazas más que se prestaban entre las vecinas, devolviendo éstas, cuando ellas amasaban. Era una manera de comer el pan más tiempo sin estar tan duro, eso sí, cuando se prestaba pan ,siempre se pesaba. Yo recuerdo que el peso lo contaban por libras.

El trigo se molía en molinos especiales llamados fábricas, uno había en Doméz otro en Rabanales y como no podía ser menos, otro había en Alcañices. Hasta los años 1970, iba tanta gente a moler, que que muchas veces se tenían que esperar al día siguiente, o incluso al otro, eran los años que en todas las casas se hacía el pan.

Para amasar era imprescindible tener varias herramientas o artilugios, el horno, y por supuesto harina, éstos artilugios eran: el organero, la pala, la estaca grande y otra pequeña, el rodro, el barredero, artesa y la caldera. Las materias primas que se necesitaban eran: Agua caliente, harina, sal, hurmiento y más tarde también levadura.

Lo primero que se hacía era la masa, envolviendo la harina con agua caliente, el hurmiento, la sal, y la levadura en la artesa, todo bien amasado y mullido, que después se dejaba reposar o dormir. Una vez hecha la masa, se encendía el horno, algunos tardaban más de dos horas en calentarse, para estar caliente se tenían que poner los adobes de la bóveda bancos. Cuando el horno estaba caliente, con el rodro se arrastraban las brasas hasta la boca, y con el barredero, que solía ser de trúvisco ó de escoba, se barrían las baldosas quedando éstas impias de ceniza. Ya estaba el horno a punto para cocer. Después de hora y edia o dos la masa ya estaba “despierta”, ya había crecido, y mientas el horno se había terminado de calentar, ya se habían hecho las hogazas y alguna rosca que espolvoreadas con harina esperaban en la artesa para entrar en el horno.

Al cabo de hora y medía o dos el pan estaba cocido, lo primero que se sacaba del horno eran las roscas, con éstas a veces se hacía “sopa en vino”. Para la sopa en vino, se partía la rosca en “cachos” pequeños en una cazuela y se ponía vino, azúcar y agua, esto era la sopa en vino, y se comía con cuchara.

Después del año 1970 muchas mujeres dejaron de amasar. La gente joven había emigrado de los pueblos, las familias se habían quedado pequeñas, y ya no se gastaba tanto pan. Algunos optaron por dar harina al panadero, y éste le devolvía los mismos kilos de pan, otras continuaron amasando hasta casi entrado el año 2000, y hoy los hornos ya son piezas de museo.

 

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