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TAGS: Opinión
02MAR2009

Articulos por gumaro

MILAGRO O FARSA.

Siempre los más viejos del pueblo son dignos de escuchar por sus anécdotas e historias, no sólo vividas por ellos, si no contadas a ellos por nuestros ancestros.

Hoy me he recordado de una historia que oí muchas veces contar a mi madre, la cual a ella habían contado sus antecesores pueda que haga más de 150 años que ocurrió, pero que ella afirmaba que es verdadera, al conocer a gente que esta historia la había vivido.

Cuando iba yo a la escuela de Lober, el catecismo hablaba de los Diezmos. Los Diezmos eran una renta que obligatoriamente los vecinos debían pagar a la iglesia para la subsistencia del Sacerdote y mantenimiento de la Iglesia, y al final enriquecerse este, puesto que los Diezmos equivalen a un 10% de las cosechas y haciendas. Todo esto limpio de polvo y paja y sin poner en riego ningún capital, solamente por decir misa todas las mañanas. Los bautizos y entierros se contabilizaban fuera parte de los Diezmos.
Un día los vecinos cansados de ver como una buena parte de sus haciendas y cosechas desaparecía en pagar los Diezmos a la Iglesia, decidieron negarse a pagar.

A partir de ahí, un día los que asistían a misa que eran todos los del pueblo se dieron cuenta de que uno de los santos que están en el altar mayor desapareció indignado por la decisión tomada por los fieles.

Un buen día un pastor que pastoreaba con su ganado en el campo por el Sierro, encima de una peña habitaba el santo que había desaparecido de la Iglesia en una choza hecha de leña, indignado por qué no se pagaban los Diezmos. Por la noche cuando llego a casa con su ganado fue a casa del cura para comunicarle el hallazgo.

El domingo siguiente el cura explico a los fieles el hallazgo del santo que había marchado de su casa indignado porque ya no se pagaban los Diezmos a la iglesia, proponiendo a los fieles hacer una procesión hacía el sitio que se encontraba el habitáculo del santo para recuperarlo y devolverlo a la iglesia.

El sacerdote pidió a los fieles que retiraran su decisión de no pagar los Diezmos, y prometieran ser fieles al pago de los mismos.

Esta es una estrofa del
cántico que cantaban en la procesión:

Santo Faburiño

pagaremus nos,

el Diezmo de las habas

pagaremus nos.

A partir de aquél día el santo se quedo tranquilo en su altar, mientras los fieles continuaron pagando muchos años el 10% de sus haciendas y cosechas.

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Escrito por D.F.F.

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